El cortijo encantado

Esta foto puede gustar más o menos, pero para mí es muy especial. Mi amigo Juan Luis Osuna, en paz descanse, me mostró este lugar que inmortalizamos en formato medio (un cortijo ruinoso junto al Puente de Vado Hondo, en la carretera A-316). Al observar con detenimiento la hoja de contactos, en uno de aquellos negativos se podía intuir una silueta apoyada en la puerta, alguien que nos observaba: un efecto óptico, una sombra, un fantasma… no sé, pero el vello se erizaba al observar aquella figura congelada en las sales de plata.

Pasado un cuarto de siglo volví a visitarlo y decidí espantar a mis fantasmas conectando con una fotografía dos épocas de mi vida muy diferentes, dos vidas distintas que prácticamente sólo tienen en común el placer que me produce pulsar el disparador. Pasé de vivir en un mundo en el que los fantasmas me buscaban apoyados en los quicios de las puertas, a mi vida actual, en la que la figura que se intuye en la puerta (sí, ahí está), es el centro de mi universo; de repente descubrí que yo no la había visto pero estaba ahí, es real, y ahora está sentada en el sofá de mi casa, esperando a que yo termine para ir a su lado. Así que comprenderéis que lo deje aquí y me vaya con ella, que la vida son tres días.

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