Presentación

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Me llamo Alfonso Miguel Chico Medina, y soy un aficionado a la fotografía. Empiezo así mi presentación porque para mí es un matiz importante, y no pretendo aparentar una falsa modestia: aficionado no es un término peyorativo, no implica que su obra sea necesariamente de menor calidad que la de un profesional, significa simplemente que no se gana la vida con esto (con ello no quiero decir que yo sea bueno en esto, además de aficionado todavía soy un aprendiz).

Ser aficionado es muy ventajoso, al menos para mí, ya que me permite tomarme este mundo como algo relajado, que me da satisfacciones y casi ninguna preocupación, no estoy estresado porque tenga que entregar un trabajo, ni preocupado por si mis fotos gustarán a mis clientes. Las hago por satisfacción personal, y punto. Hago las fotos que me apetecen y cuando me apetece. Reconozco que el resultado de esta libertad deja mucho que desear, ya que es difícil realizar una visión de conjunto de mi obra, en la que es difícil identificar un estilo propio (una de las razones por las que no soy, ni aspiro a ser, uno de los “grandes”).

Por motivos laborales y de estudios he sido un aficionado poco constante, con grandes periodos sin producir fotografías, pero desde hace unos pocos años he vuelto a conectar con el mundo fotográfico, y a retomar mi producción.

Me inicié en la fotografía allá por 1988, cuando invertí el dinero que gané en un trabajo de verano para comprar mi primera cámara y apuntarme a un curso de iniciación en la Universidad Popular Municipal de Jaén, siendo mi guía en estos primeros pasos Ricardo Bautista Suanzes, quien me desveló los misterios básicos de la técnica fotográfica y el laboratorio químico, y con quien me emocioné la primera vez que vi cómo un papel en blanco se iba transformando en una imagen, bajo una preciosa luz roja. Fue en esta época cuando me asocié con la Agrupación Fotográfica y Cinematográfica Santo Reino, a la que sigo vinculado.

Superado el miedo inicial, Juan Carlos Medina Chamorro, que por aquél entonces regentaba el Centro Fotográfico Lis (que se convirtió en un lugar de tertulia fotográfica), me ayudó mucho con sus consejos. Por aquél entonces, el amigo que me ayudó a estar realmente satisfecho con mi trabajo en el laboratorio fue Juan Luis Osuna Palacios, fotógrafo generoso que no tenía ningún reparo en compartir conmigo sus “trucos”, y cuya muerte me dejó sin su amistad, y huérfano fotográficamente hablando. A veces salíamos un sábado o un domingo al amanecer y recorríamos medio país con nuestras cámaras de formato medio, y regresábamos sin haber disparado una sola vez, la película virgen pero el alma colmada de unas horas de conversación y unas risas con las batallitas que compartía conmigo. Cómo te echo de menos, Juan Luis.

Luego el mundo cambió: todo se aceleró, tras un parón fotográfico me encontré con que lo moderno era migrar a la fotografía digital, y resultaba caro y difícil encontrar suministros para el laboratorio. Para mí fue un gran alivio cuando descubrí que lo aprendido en el mundo químico es perfectamente aplicable al digital, y me inicié en esa nueva clase de magia. Curiosamente en esta nueva etapa me ayudaron fotógrafos que ya tenían un nombre en el mundo químico, como José María Mellado, cuyo libro “Fotografía de alta calidad” resultó ser la Piedra de Rosetta que me permitió iniciarme en la fotografía digital, y Juan Miguel Alba, quien con sus talleres y consejos me ha permitido afianzar y perfeccionar técnicas de procesado e iluminación. También me he beneficiado del saber y el buen hacer de Rafael Roa, quien me hizo perder el miedo a romper algunas reglas, con una visión del trabajo de estudio y una gestión de los modelos muy particular (gracias Rafa, me has espabilado bastante), y de José Luis Moreno Gámez, cuyas fotografías me están ayudando a entender y apreciar un estilo que antes no me gustaba, e incluso me desagradaba, simplemente porque no tenía la madurez necesaria, y además me ha ayudado a actualizar mi “laboratorio digital”.

No me olvido de mis compañeros de la Agrupación, aunque los tengo muy abandonados. De todos ellos he aprendido algo, de los que me aprecian, y del que me desprecia; a todos tengo algo que agradecer, y sólo siento que todavía no he correspondido con ellos como se merecen.

Con semejantes fuentes me avergüenza un poco que mi trabajo no sea mejor, pero es lo que hay, ellos me han facilitado la técnica, pero no son responsables de mis torpezas.

Las redes sociales y las prisas por mostrar las fotografías potencian esta torpeza; me he dado cuenta de que casi sin darme cuenta dejé de planificar las tomas, simplemente hacía muchas fotos y alguna quedaba presentable. No, eso no es lo que me enseñaron, y voy a intentar regresar al camino. Éste es el principal motivo para decidirme a compartir mi trabajo en un sitio web: obligarme a pensar un poco mejor lo que comparto. Quienes me conocen saben que mi forma de hacer las cosas no suele coincidir con lo esperado o lo tradicional, y como no podía ser menos, aquí he comenzado la casa por el tejado: en lugar de hacer una selección previa de mi obra he publicado todo lo que ya tenía circulando por la red, a modo de lección que me doy a mí mismo, para obligarme a realizar una limpieza, y a cuidar un poco más lo que comparto.

En cuanto a mis logros fotográficos, carecen de importancia. Nunca me he prodigado en concursos, y cuando lo he hecho enseguida me han puesto los pies en la tierra; algún premio aquí y allá, y alguna aceptación de la FIAP, seguro que más por los años que llevo en el mundillo que por méritos propios, y muchos piropos por parte de los amigos, que estoy seguro de que dirigen a mi persona más que a mis fotografías, pero que yo les agradezco igual.

Gracias por interesarte en mi trabajo, y espero que saques algo en claro de él, en positivo o en negativo, el caso es que te sirva para algo.