Me llamo Alfonso Miguel Chico Medina, y soy un aficionado a la fotografía, es decir: hago lo que me apetece y cuando me apetece, sin más pretensión que el puro placer de hacerlo y mi satisfacción personal. 
Me inicié en la fotografía en 1988, cuando invertí el dinero que gané en un trabajo de verano en una cámara y en matricularme en la Universidad Popular Municipal de Jaén, siendo mi guía en estos primeros pasos Ricardo Bautista Suanzes, quien me desveló los misterios básicos de la técnica fotográfica y el laboratorio químico, y consiguió emocionarme la primera vez que vi cómo un papel en blanco se iba transformando en una imagen, bajo una cautivadora luz roja. Fue en esta época cuando me asocié con la Agrupación Fotográfica y Cinematográfica Santo Reino, de la que guardo magníficos recuerdos y buenos amigos, si bien los avatares de la vida me llervaron a los Cerros de Úbeda, y me arrimé al calor de la Asociación Fotográfica de Úbeda.
Superado el respeto inicial, Juan Carlos Medina Chamorro, que regentaba el Centro Fotográfico Lis (que también era escenario de tertulia fotográfica), me ayudó mucho con sus consejos. Por aquél entonces mejoré mi técnica en el cuarto oscuro gracias a mi amigo Juan Luis Osuna Palacios, fotógrafo generoso que no tenía ningún reparo en compartir conmigo sus “trucos”, y cuya muerte me dejó sin su amistad y huérfano fotográficamente hablando. A veces salíamos un sábado o un domingo al amanecer y recorríamos medio país con nuestras cámaras de formato medio, y regresábamos sin haber disparado una sola vez, la película virgen pero el alma colmada de horas de conversación y risas gracias a las batallitas que me confiaba. Cómo te echo de menos, Juan Luis.
Luego el mundo cambió: todo se aceleró, tras un dilatado parón fotográfico me encontré con que lo moderno era migrar a la fotografía digital, y resultaba caro y difícil encontrar suministros para el laboratorio. Para mí fue un gran alivio cuando descubrí que lo aprendido en el mundo químico es perfectamente aplicable al digital, y me inicié en esa nueva clase de magia. Curiosamente en esta nueva etapa me ayudaron fotógrafos que ya tenían un nombre en el mundo químico, como José María Mellado, cuyo libro “Fotografía de alta calidad” resultó ser la Piedra de Rosetta que me permitió iniciarme en la fotografía digital, y Juan Miguel Alba, quien con sus talleres y consejos me ha permitido afianzar y perfeccionar técnicas de procesado e iluminación. También me he beneficiado del saber y el buen hacer de Rafael Roa, quien me hizo perder el miedo a romper algunas reglas, con una visión del trabajo de estudio y una gestión de los modelos muy particular (gracias Rafa, me has espabilado bastante), y de José Luis Moreno Gámez, cuyas fotografías me están ayudando a entender y apreciar un estilo que antes no me gustaba, e incluso me desagradaba, porque yo no tenía la madurez necesaria para apreciarlo, y además me ha ayudado a actualizar mi “laboratorio digital”.
Con semejantes fuentes me avergüenza un poco que mi trabajo no sea mejor, pero es lo que hay, ellos me han facilitado la técnica, pero no son responsables del camino que he tomado. Nunca me he prodigado en concursos, y cuando lo he hecho enseguida me han puesto los pies en la tierra; algún premio aquí y allá, y algunas aceptaciones de la FIAP, más por pura estadística que por méritos propios.
Muchas gracias por interesarte en mi trabajo y, si algo te gusta, por favor, no lo cojas sin más, simplemente pídemelo.
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